¿Por qué pierdo un partido cuando he ganado el primer set fácil? ¿Cómo es posible que haya ganado el primer set, vaya 4-0 en el segundo y… ¡¡PIERDA EL PARTIDO!!…  El jugador de pádel falla en los momentos importantes de su juego, es decir, en las situaciones que tiene que demostrar y dar lo mejor de sí, cae, se equivoca, pierde, no rinde adecuadamente o no da la talla. Esto sucede desde las etapas formativas hasta los más altos niveles competitivos.

Cuando comenzamos a practicar el pádel, bien por salud, por diversión o porque queremos “hacernos un hueco” en nuestro club, no tenemos que “rendir cuentas” a nadie, simplemente, aprender y disfrutar de este maravilloso deporte. Sin embargo, cuando ya hemos alcanzado un “cierto nivel de juego”, bien nosotros o desde el exterior, nos exigimos ciertos resultados. Aquí comienza a gestarse este “miedo o “fobia irreal” sobre las garantías que ofrece nuestro juego.

¿Por qué me pasa esto? Puede ser por varios motivos:

  1. EXCESO DE PRESIÓN

Cuando jugamos una competición, normalmente, la jugamos para ganar. Es en este punto cuando introducimos este elemento llamado “presión” y que condiciona de una forma absoluta nuestro rendimiento deportivo en la pista. Ya no jugamos para divertirnos, ni para mejorar, sino que nos exigimos ganar los puntos y no fallar las bolas fáciles.

  1. FALTA DE CONFIANZA

La confianza es la seguridad en uno mismo de que “va hacer lo que tiene que hacer”. No tenemos plena confianza en nosotros mismos … dudamos y la duda “siempre” hace que fallemos en los momentos decisivos. En el pádel, como en todos los deportes, hay un aspecto que es indiscutible: si dudas, fallas.

  1. EXCESO DE TENSIÓN

Cuando comienza la competición, comienza la tensión. La mayoría de los jugadores de pádel se ponen “tensos” ante una competición, desde los niveles más amateurs hasta la alta competición. La competición genera tensión por sí misma. Sin embargo, no hay razón para sucumbir a los nervios. En una situación tensa, tendemos a apresurarnos en nuestro juego. Puede ocurrir que el exceso de tensión nos “acelere” los golpes y, como consecuencia, nuestra ejecución no sea correcta y fallemos bolas fáciles que, en condiciones “normales”, no fallaríamos nunca. ¿Y qué ocurre cuando fallamos las primeras bolas fáciles por culpa de la tensión?… Pués que aumentamos más la tensión, de tal forma que terminamos “desquiciados”, muy tensos, perdemos el control de nuestros golpes y nos cansamos mucho más. Es un feedback negativo que nos lleva, irremediablemente a la pérdida de control de nuestro juego.

  1. DESCONTROL EMOCIONAL

¡Cómo perdemos los nervios! Muchas veces, ni tan siquiera nos reconocemos. Pasamos de un estado de bienestar emocional a un estado de “malestar y angustia emocional”. En unos segundos, sin saber el motivo, nos sentimos mal, angustiados, desorientados y con niveles elevados de ansiedad. ¿Pero yo no había venido a jugar un partido y pasármelo bien? ¿Por qué me siento mal y no disfruto del partido?… Pues porque hemos perdido el control de nuestras emociones, hemos pasado de un estado de excitación y calidez emocional propio de la afrontación de retos, a un estado de angustia y desesperación propio de la “huida” y del “miedo”. Si pudiéramos… desapareceríamos de la pista.  Este falta de control emocional conlleva un aumento de tensión, ansiedad y precipitaciones que contribuyen a fallar las bolas decisivas.

  1. EXCESIVOS PENSAMIENTOS NEGATIVOS

La experiencia, el “mirar hacia atrás”, no siempre es positivo. En muchas ocasiones, tendemos a “recordarnos” que no hemos sido capaces de sacar adelante partidos que “teníamos ganado”. Nos “encerramos” en “otra vez va a ocurrir”…, “la voy a volver a fallar”…, “están todos mirando y voy a hacer el ridículo”…, “todos esperan que gane con facilidad”… Si estamos sumergidos en estos pensamientos difícilmente podemos ejecutar movimientos y golpes ganadores con nuestra pala. Tendemos a “amarrar” y cuando tenemos la oportunidad, no nos atrevemos ya que “anticipamos” el error. Somos muy duros con nosotros mismos. Nos juzgamos negativamente, mientras que valoramos positivamente al adversario.

  1. DEMASIADA RESPOSABILIDAD

Tenemos que dar una “imagen”. Suele ocurrir que tenemos un “cliché” de lo que debemos desarrollar conforme a nuestro nivel de juego, es decir, una “responsabilidad mal enfocada” sobre nuestros resultados. Queremos satisfacer a los demás y que nos reconozcan, no defraudarlos porque esperan mucho de nosotros mismos. Entonces… ¿yo para quién juego? Tenemos la sensación que no hacemos lo que queremos, sino lo que “quieren” los demás. Esta ambigüedad nos impide “soltar” el brazo, tomar iniciativas, asumir riesgos y jugar agresivos cuando se nos presenta la ocasión. La frase “tengo que…” es sinónimo de “seguro que fallo…” . Y se cumple.

Ahora es tu turno, si te has identificado con algunos o varios de los motivos anteriores, no lo dudes y ponte en marcha. Está en tus manos “cambiar”, porque tú entrenas y tú decides. Buen pádel y sigue disfrutando con tus amigos de lo que más te gusta.