Soy malo. Malísimo. Un dolor de muelas. El Judas Iscariote de la  pala. La pesadilla de mis compañeros de pista. Eso sí, cuando salgo de la pista soy como una monjita; todo candor y amabilidad. Y eso no solo me pasa a mí. Cientos de jugadores se transforman en la pista por su manera agresiva...